Hay personas guapas y feas.
Hay personas pesimistas y optimistas.
Hay personas luchadoras y conformistas.
...
Hay personas.
También hay personas parlanchinas y otras que, sin embargo, prefieren escuchar.
Yo, entre otras muchas, soy una de estas últimas.
Hay veces que escuchas tanto que se te olvida hablar.
Miras. Asientes. Sonríes. Niegas. Escuchas con atención.
Y te encanta hacerlo.
Mientras, tu voz se apaga. Se esconde. Le es más difícil salir. Se va acomodando en el lugar más oscuro y profundo de tu cuerpo hasta que se vuelve tan tímida que acaba desapareciendo.
Para evitar que mi voz se oculte, mis dedos se encargarán de realizar su función.
Bienvenidos.