Sí, hay miradas que lo dicen todo.
Miradas que hablan más que las propias palabras.
Cuando esas miradas se cruzan por primera vez, conversan, se entienden y se compenetran, poco más pueden hacer si uno de los protagonistas no se acerca y entran en juego las verdaderas palabras. Las miradas necesitan ayuda, alguien que les de un empujón para conocerse.
Miradas intensas y que te hacen sentir. Miradas que puedes perder si no entra en juego tu valentía.
Y cuando la pierdes, cuando ya no la vuelves a ver, entonces es cuando el arrepentimiento entra en juego.